"El 30 de enero, casi a última hora, el presidente del Reich, se decidió a nombrar canciller del Reich a Adolfo Hitler. Nuevas elecciones parlamentarias le dieron el 48 por ciento de todos los votos, y a las derechas, aliadas con él, el 3 por ciento. Con ello el nuevo gobierno tenía una base constitucional; enmudeció la oposición de los partidos restantes y, por fuerte mayoría, el 23 de marzo, recibió del parlamento plenos e ilimitados poderes por cuatro años. Luego le fueron prorrogados hasta el 10 de mayo de 1943, cuando Hitler, después de la muerte de Hindenburg (agosto de 1934) asumió todo el poder como Fuehrer y canciller del Reich.
"Lo que ocurrió desde entonces, no puede describirlo el historiador porque no se ha convertido aún en historia, no ha cerrado su ciclo y no puede ser abarcado en toda su trascendencia, que debe calcularse solamente por sus efectos. Estamos aún dentro de los acontecimientos, que constituyen todavía un presente, cuyos sucesos puede narrar únicamente el cronista. Mas si enunciamos los más importantes, se ilumina con clara luminosidad, la enorme revolución que se ha cumplido y se cumple aún ante nuestros ojos en los destinos de Alemania.
"Tres problemas principales se había asignado el Fuehrer: represión del comunismo, lucha contra la desocupación y restauración de la dignidad y la libertad de Alemania. En un brevísimo plazo se logró lo primero; en los cuatro años citados lo segundo; el camino por el que se consiguió trabajosamente el tercero está marcado por los hechos desnudos, como por piedras miliares de una carrera victoriosa inverosímilmente rápida: en marzo de 1935, creación de una fuerza aérea alemana; en mayo del mismo año, introducción del servicio militar obligatorio general; en marzo de 1936, ocupación de Renania. (...)
"Apoyado en la amistad italiana, protegidas además las espaldas, desde enero de 1934 por un tratado de no-agresión por diez años con Polonia, pudo Hitler poner mano simultáneamente en la total liquidación de los saldos del desarrollo histórico.
"En el mes de marzo de 1938 llevó a cabo la reunión del Austria alemana al Reich; satisfizo así la nostalgia del pueblo acá y allá y curó la herida que Bismarck había debido inferir a corazones alemanes.
"En octubre del mismo año fueron libertados del dominio checo los alemanes de Bohemia y Moravia, y en los instantes en que estoy escribiendo, el mundo se halla bajo la impresión del hecho de que la república checa, derrumbándose por disolución interna, se ha sometido voluntariamente a la protección soberana de Alemania, para volver a ser en adelante un miembro del Reich alemán, como en los días pasados, cuyo retorno apenas se había osado soñar, y seguir su propia vida nacional como territorio federado bajo la soberanía del Reich. (...)
"Con los acontecimientos más recientes la situación de soberanía del Reich alemán ha reconquistado aproximadamente el alcance y la configuración que poseyó antaño. Su unidad interior está cumplida; formas venerables, que le estorbaban, fueron eliminadas.
"La historia alemana, después de un amplio rodeo, parece retornar a sus comienzos y cerrar el círculo de su curso. Las disonancias que la llenaban están disueltas y su sentido ya no puede discutirse más. (...)
"¡No dejemos que las lecciones de la historia, que verdaderamente hemos debido pagar tan caras, se pierdan para nosotros!
"Así, Alemania podrá también, en lo sucesivo, enfrentarse con el destino, con fe en sí misma y en su porvenir; con la fe que la ha ayudado de nuevo en estos días, como en la antigüedad, para esperar en la noche obscura la salida del sol. Entonces, para la nueva época de su existencia en la que acaba de entrar, podrá servir como guía la palabra del poeta:
'Hacia otras playas llama un nuevo día' ".
Johanner Haller. Las épocas de la historia alemana. Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1941. (pp. 357-361)

