“Con seguridad puede decirse que Porfirio Diaz es el mejor gobernante que Méjico ha tenido jamás. Con certeza se puede asegurar que en todos esos largos siglos de tiranía y mala administracion, nunca ha habido un hombre al frente del poder, ya sea como virey, emperador, ó presidente, cuya hoja de servicios haya sido tan limpia, cuyos móviles hayan sido tan puros, cuya inteligencia haya sido tan ilustrada, y cuyo éxito haya sido tan completo en impulsar los intereses materiales del país, y la felicidad de sus habitantes, como Porfirio Diaz. Desde su ascenso al poder data una era nueva de desarrollo.
“En el sentido más amplio y sano, puede justamente llamársele el salvador de su país, el padre de la nueva civilización, porque le ha dado nueva vida y nuevo desarrollo. Le ha dado esa vida mejor y elevada, la vida intelectual, levatándola del suelo, donde por tantos siglos yació molida y ensangrentada, curando sus heridas, echando el bálsamo del contento, é inspirando á los corazones, que por tanto tiempo estuvieron abatidos, con la esperanza y el regocijo.
“Para comprender á Porfirio Diaz y su carácter, es necesario solo ver lo que ha hecho y lo que hace. Los hechos hablan por él. Desde muy al principio de su carrera notamos en él talento para la organización y administración, cualidades positivas, con recursos innatos que están siempre á disposición de su genio creador. Por él se ha logrado la completa y feliz consumación de la libertad intelectual y progresista en que soñaron Hidalgo y Morelos, por que sin resultado combatieron Farías y Comonfort, y que solo se empezó á plantear bajo Juárez. Lo que buscó ante todo fué la aceptación del verdadero espíritu de la constitución, que hasta allí solo habia existido en el nombre. Faltaba aún colocar los cimientos mismos del republicanismo. Ántes del progreso, debe haber reforma; el carácter nacional requeria que lo refrenaran y educasen; la indolencia é imprevisión debian desaparecer ante una sabia administracion dirigida por un gobierno que impulsara el saber y protegiera las industrias. (...)
“Estando, pues, vindicada la honra y la integridad, consideremos ahora los intereses mas importantes de la nacion. Teniendo un hombre como este de gobernante, ¿porqué precipitarse en cambiarlo? Revóquese, pues, la ley que prohibe al presidente ser su propio sucesor, ó que dispone que su período no pase de cuatro años; porque esa ley ha resultado, en la práctica, no estar en armonía con los intereses del país: asegúresele á este el beneficio de la prolongacion del reinado de la paz y prosperidad. ¿Se atreverá el pueblo mejicano á obrar de otra manera? ¿Se atreverá en la situación actual á arrojarse en el mar de la incertidumbre, dejando salir del poder a Diaz, hombre puro y recto ya conocido, por un mal probable ó seguro? (...)
“El nombre de Porfirio Diaz no puede morir. Su memoria quedará grabada eternamente en los corazones de sus compatriotas. Mas de cien personas han figurado como gobernantes de este pueblo de singular destino. Y sin embargo, ha sido durante la vida y administracion de Diaz que se verificó el gran cambio en el curso de los negocios que hizo disipar la gran nube de maldad que se habia extendido sobre la nacion, á semejanza del paño negro de una tumba, dejando que el sol de la ilustracion ilumine al pueblo, dándole salud, vigor, y progreso material”.
Humberto Howe Bancroft. Vida de Porfirio Díaz: reseña histórica y social del pasado y presente de México. San Francisco: The History Company, Publicadores; México: La Compañía Historia de México, 1887. (pp. 736-741)