viernes 31 de octubre de 2008

XXIII. BUENOS Y MALOS NAZIS

"Fueron ellos [los fundadores y defensores del Tercer Reich] quienes presentaron al mundo un fenómeno como no se había visto nunca hasta entonces ni después: el asesinato sistemático y burocratizado de seis millones de judíos. Para la mente inquisitiva, un antisemitismo a esa escala parece exigir, como mínimo, algunas explicaciones. Para un grupo de investigadores de Frankfurt y posteriormente de Berkeley, en la universidad de California, el hecho de que los prejuicios humanos pudieran asumir proporciones tan monstruosas supuso la posibilidad de imaginar que existe un tipo de personalidad especial que contribuyó a la gestación de aquellos acontecimientos.

"No eran ellos los únicos que lo suponían. Unos diez años antes el psicólogo nazi Jaensch informó que había encontrado dos tipos básicos de personalidad, el tipo 'S' y el tipo 'J'. Los tipos 'S' recibieron esa calificación porque manifestaban sinestesia, una tendencia de por sí bastante inofensiva consistente en tener experiencias subjetivas en una modalidad al recibir estímulos de otra. Para Jaensch, este don artístico de ser capaz de experimentar afinidades entre, digamos por ejemplo, colores y sonidos, equivalía a una cierta 'despreocupación perceptiva' que lleva a mezclar descuidadamente impresiones sensoriales diferentes. Profundizando en su análisis, llegó a afirmar que la sinestesia coincidía con 'otras tendencias lamentables'. El tipo 'S' era, para él, 'liberal' en sus puntos de vista, y de comportamiento excéntrico. Era también débil, afeminado y predispuesto a la creencia herética de que la gente es modelada en gran parte por su medio ambiente y su educación. Todo esto, afirmaba Jaensch (basándose sobre todo en sus propios prejuicios e inclinaciones políticas), era el resultado de la contaminación inter-racial y mezcla de herencias. Entre los tipos 'S' o 'anti-tipos' como eran llamados también se contaban los judíos, los orientales y los comunistas. Afortunadamente para sus opiniones racistas, ya que no para su reputación como teórico científico, Jeansch [sic] 'descubrió' asimismo un tipo opuesto de individuo al que llamó tipo 'J'. Los tipos 'J' eran buenos tipos y prometían ser buenos nazis. Entre sus grandes cualidades estaba la pureza de sus percepciones y el conocimiento seguro de que el comportamiento humano esté determinado por la sangre, la tierra en la que se nace y la tradición nacional. El tipo 'J' era un hombre varonil, duro y fuerte, un hombre en el que se puede confiar. Estas cualidades, dijo Jaensch, habían sido transmitidas a lo largo de los linajes descendientes de los antepasados germánicos.

"En su investigación sobre el antisemitismo y prejuicios étnicos, los investigadores norteamericanos también descubrieron dos tipos de personalidad en abierto contraste, y muy parecidos a los encontrados por Jaensch. No hará falta añadir que los valoraron de forma muy diferente. El que correspondía al tipo 'J' lo calificaron de 'personalidad autoritaria'. Esa persona sería antisemita, rígida, intolerante y hostil a las personas o grupos raciales distintos al suyo propio. El polo opuesto a este tipo, el despreciable 'anti-tipo' de Jaensch, fue descrito como carácter individualista, tolerante, democrático, sin prejuicios e igualitarista.

"Estos investigadores llegaron a establecer estas distinciones poniendo a prueba las actitudes de más de dos mil norteamericanos procedentes de campos muy diversos. En sus pruebas midieron el antisemitismo, etnocentrismo, conservadurismo político y económico así como las tendencias antidemocráticas o predisposición al fascismo: la escala 'F'. [...] Los resultados de su estudio justificaron sobradamente el esfuerzo de los investigadores. En un nivel constituyeron un adecuado monumento en memoria de los seis millones de víctimas de los prejuicios fascistas. El lector sensible que se acerca a las páginas de The Authoritarian Personality queda hechizado por el fantasma de Belsen y Auschwitz. Pero en otro nivel este libro constituye una clara advertencia para las sociedades posteriores a la Alemania nazi. Como señala Roger Brown, algunos de los datos 'ponen los pelos de punta. Sugieren que podríamos encontrar en este país [EE. UU.] voluntarios para entrar en la Gestapo".

Norman F. Dixon. Sobre la psicología de la incompetencia militar. 2a ed. Barcelona: Anagrama, 2001. [Traducido de On the Psychology of Military Incompetence, por Enrique Hegewicz]. (pp. 328-331)