"[...] como término medio, parece quedar claro el hecho de que el vacío existencial está más presente en América que en Europa. Yo creo que se debe a la constancia con que el estudiante americano promedio se ve expuesto a un proceso de adoctrinamiento basado en el reduccionismo. Por citar un ejemplo, hay un libro en que se define al hombre como 'nada más que un complejo mecanismo bioquímico, dotado de un sistema de combustión tal que activa el procesamiento con prodigiosas facilidades de almacenamiento, con el fin de retener información codificada'. O, para citar otro ejemplo, se define al hombre como 'el mono desnudo'. Ofreciendo a los estudiantes tales conceptos reduccionistas del hombre, no hacemos más que reforzar su vacío existencial. Recuerdo muy bien cómo me sentí, un día en mi escuela, teniendo yo trece años, que nuestro profesor de ciencias naturales nos dijo que la vida, en definitiva era 'tan sólo un proceso de combustión, de oxidación'. Salté de mi asiento y le dije: 'Profesor, si es así, ¿qué sentido tiene la vida entonces?'. Queda claro que en este caso el reduccionismo había tomado la forma de 'oxidacionismo', por llamarlo de alguna manera".
Viktor E. Frankl. El hombre en busca del sentido último. México: Paidós, 2003. [Traducido de Man's Search for Ultimate Meaning, por Isabel Custodio]. (p. 122)

