"En su ensayo anterior, dedicado a 'La "mecánica" de los fluidos', la autora ya había elaborado su crítica de la física 'masculina', afirmando, según parece, que la mecánica de los fluidos está subdesarrollada en comparación con la de los sólidos porque la solidez se identifica -siempre según su opinión- con los hombres y la fluidez con las mujeres. [...] Una de las intérpretes norteamericanas de Irigaray [Luce Irigaray, filósofa francesa] resume sus argumentos de este modo:
"Atribuye a la asociación de fluidez con feminidad el privilegio otorgado a la mecánica de los sólidos sobre la de los fluidos y la incapacidad de la ciencia para tratar los flujos turbulentos en general. Mientras que el hombre tiene unos órganos sexuales protuberantes y rígidos, la mujer los tiene abiertos y por ellos se filtra la sangre menstrual y los fluidos vaginales. Aunque el hombre en ocasiones también fluye, por ejemplo cuando eyacula el semen, este aspecto de su sexualidad no se tiene muy en cuenta. Lo que cuenta es la rigidez de los órganos masculinos, no su complicidad en el flujo de fluidos. Estas idealizaciones son reinscritas en las matemáticas, que conciben los fluidos como planos laminados y otras formas sólidas modificadas. Del mismo modo que las mujeres quedan borradas en las teorías y el lenguaje masculinos y existen sólo como no hombres, los fluidos han sido también borrados de la ciencia y existen sólo como no sólidos. Desde esta perspectiva no es sorprendente que la ciencia no haya podido trazar un modelo válido de la turbulencia. El problema del flujo turbulento no puede ser resuelto porque las concepciones acerca de los fluidos (y de la mujer) han sido formuladas para dejar necesariamente residuos inarticulados (Hayles, 1992, pág. 17)".
Alan Sokal y Jean Bricmont. Imposturas intelectuales. Barcelona: Paidós, 1999. (Traducido de Intellectual Impostures, por Joan Carles Guix Vilaplana). (p. 117)

