viernes, 19 de junio de 2009

UN HUEVO LIMPIO Y BLANCO

Desde hace algunos años, con poca disciplina, he intentado traducir a Robert Herrick, el poeta inglés del siglo XVII. Herrick es un autor virtualmente desconocido en nuestra lengua; con los dedos se cuentan las traducciones de sus poemas, todas ellas dispersas, fragmentarias y casi inasequibles.

Herrick es un autor del que mucho podemos aprender. Su poesía no es de esa Poesía con mayúsculas que se ancla en el Ser (lo que sea que ello signifique, Dr. Heidegger), esa Poesía que sólo conoce excesos, profundidades y trascendencias. No, nada de eso. La poesía de Herrick se antoja más terrenal, más saludable y amable. Herrick es un poeta que se sabe humano-demasiado-humano. Uno que, cuando canta al amor, habla de amores terrenales que festivamente se resuelven en la cama. Los pezones de su amada Julia, el sudor, el aroma y el vestido de la dama son temas de su poesía.

Anacreóntico quizás sea el adjetivo que mejor le convenga a nuestro poeta, pero es más que eso. Meditativo y pesimista por momentos, comparte un aire de familia con Ricardo Reis y los Rubaiyat. En sus versos palpita cierta ironía, mitad trágica y mitad cómica, que a los modernos nos hace mucha falta, tan serios como somos, tan llenos como estamos de temores y de culpas.

Traducirlo ha sido fatigoso. Si se traduce de manera literal, suena pedestre. Las delicadas aliteraciones del idioma inglés, la cadencia inglesa que alterna con soltura sílabas acentuadas y sin acentuar, le sirven a Herrick para vestir de esplendores imágenes de crudeza anatómica y hasta fisiológica. Traducir a Herrick es reescribir a Herrick; pulirlo hasta encontrar el tono que, en la lengua de este lado, capta la intención y el contenido del original.

Un poema de dos versos, de factura sin tacha y todo regocijo, puesto tal cual en español alcanza niveles de insólita banalidad:
Her legs
Fain would I kiss my Julia's dainty leg,
Which is as white and hairless as an egg.
Llevado, literal, al español, el poema suena así:
Sus piernas
Gustoso besaría la pierna deliciosa de mi Julia,
la cual es tan blanca y tan lampiña como un huevo.
El adjetivo mismo que Herrick usa para referirse a la pierna de su amada ("dainty") es engañoso. "Deliciosa" es una manera de traducirlo. "Delicada" y "fina" son otras opciones, como también lo son "sabrosa" y "exquisita". ¿Qué se hace con un adjetivo que refiere de igual manera cualidades espirituales y culinarias?

No vale la pena enumerar las decenas de intentos por dar a la traducción una justa personalidad, acorde simultáneamente con el original y con oídos habituados a las sílabas redondas del español. El poema (cuya rima y métrica no representaron, por cierto, un obstáculo menor) quedó así:
Sus piernas
Un huevo, limpio y blanco: así se mira
la deliciosa pierna de mi Julia
donde un beso, con gusto, le daría.
A otro le habría quedado mejor. Yo tuve que añadir un tercer verso, cambié la rima consonante por asonante y (lástima) no pude rescatar la métrica original, aunque sí encontré una medida nueva de 11 sílabas por verso. No se oye tan mal, ni nada falta: están presentes aquel huevo lampiño, la sabrosa pierna y el gustoso beso. Al menos fluye, no exento de limpieza, y quizás tampoco exento de algún eco de la belleza que tenía el poema original.

Así fue como las blancas piernas de Julia, que acaso se desnudaron en una alcoba de Londres en aquel lejano 1600, saltaron el mar y los siglos y aquí, por labios que hablan español, serán otra vez besadas.